Día a día las y los seres humanos realizamos el acto de comprar. Muchas veces compramos para llenar la alacena, porque tenemos en mente cocinar un plato de comida y nos falta ese ingrediente especial. Otras veces compramos  para reponer un producto de limpieza que se ha terminado. Y otras, simplemente  lo hacemos no por necesidad, sino porque hubo un producto que nos llamó la atención, una prenda de ropa que planificamos usar en alguna salida, o quisimos aprovechar alguna liquidación. Estamos habituados a consumir día a día.

Pero al mismo tiempo, no somos conscientes del poder que tienen nuestras elecciones, de como esas pequeñas decisiones de compra pueden contribuir a un desarrollo más sostenible y a un consumo responsable. ¿Será que nunca te lo has planteado?

Cada vez que  realizás  una compra, estás eligiendo apoyar a alguien, pero no sos consciente de ello. Cuando decimos ‘apoyar’ nos referimos a que, a través de este acto de consumo, depositás valor monetario, tu plata, en alguna tienda. Y sí, de esta manera lo estás apoyando.

Ahora bien, ¿nunca pensaste que al comprar en una empresa multinacional, tu acto de consumo, no tendría las mismas consecuencias que haciéndolo en un lugar pequeño? 

Si llegaste hasta acá, y algo en tus hábitos de consumo te replanteaste, es hora de que aprendas el siguiente concepto.

El comercio justo es un movimiento social que busca promover patrones productivos y comerciales responsables y sostenibles, así como oportunidades de desarrollo para los pequeños agricultorxs, artesanxs y emprendedores en general en desventaja económica y social, respecto a los actores dominantes en el mercado. (las grandes empresas)

Esto es una herramienta básica que tenés a tu alcance para combatir la grandísima desigualdad que abunda en el mundo.

Esto es aplicable a cualquier rubro, como por ejemplo, el alimentario.

Como bien sabemos, los productorxs venden sus frutas o verduras a un módico precio. Sin embargo, a la hora de adquirir los mismos productos en la verdulería o el supermercado, notamos que el precio ha crecido un 200%.  (aproximadamente). ¿Por qué? Porque hay una extensa cadena de intermediarios en el medio.

El comercio justo facilita la cadena de comercialización para que los productos lleguen del productos al consumidor final sin tantos intermediarios.  De esta manera, el productor logra vender lo que produce a un precio justo, y el consumidor final obtiene un producto de calidad a un buen precio.

Esto sucede también en el rubro textil. Muchas veces elegimos marcas internacionales, consagradas y con altos índices de rentabilidad, sin preguntarnos ¿a dónde irá a parar mi dinero? ¿lo necesitarán para subsistir? Pues no, y muchas de ellas incluso tienen talleres de explotación infantil y pésimas condiciones laborales para sus empleadxs.

Pensar en un comercio justo, es colaborar con emprendedores locales, que sí necesitan nuestra compra para su supervivencia, y que, buscan contribuir al desarrollo de la economía local. 

Pensar en comercio justo es comprar en un mercado que tiene perspectiva de género, que recompensa justamente el trabajo de las mujeres y es inclusivo y no explotador.